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martes, 25 de agosto de 2009

Matrimonio y Amor por Emma Goldman




La noción popular acerca del matrimonio y del amor, es que deben ser sinónimos, que ambos nacen de los mismos motivos y llenan las mismas humanas necesidades. Como la mayoría de los dichos y creencias populares, éste no descansa en ningún hecho positivo y si sólo en una superstición.
El matrimonio y el amor nada tienen de común; uno y otro están distantes, como los polos; en efecto, son completamente antagónicos. No hay duda que algunas uniones matrimoniales fueron efectuadas por amor; pero más bien se trata de escasas personas que pudieron conservarse incólumes ante el contacto de las convenciones. Hoy en día existen muchos hombres y mujeres para quienes el casarse no es más que una farsa, y solamente se someten a ella para pagar tributo a la opinión pública. De todos modos, si es verdad que algunos matrimonios se basan en el amor y que también este puede continuar después en la vida de los casados, sostengo que eso sucede a pesar de la institución del matrimonio.
Por otra parte, es enteramente falso que el amor sea el resultado de los matrimonios. En raras ocasiones se escucha el caso milagroso de una pareja que se enamora después de casada, y si se observa atentamente, se comprobará que casi siempre se reduce a avenirse buenamente ante lo inevitable. A otras criaturas les unirá un afecto, surgido del trato diario, lo que está lejos de la espontaneidad y de la belleza del amor, sin el cual la intimidad matrimonial de una mujer y un hombre no será más que una vida de degradación.
El matrimonio es un ruidoso fracaso, esto ni el más estúpido lo negará. Basta echar una mirada a las estadísticas de los divorcios para comprender cuán amargo es este fracaso. No será suficiente ni siquiera el estereotipado argumento de los filisteos, escudado en la holgura y la elasticidad de las leyes del divorcio y del creciente relajamiento de las costumbres femeninas, para justificar este hecho.
Desde la infancia casi hasta la mayoría de edad de las muchachas, se les dice que el casamiento es la única finalidad de su vida; y la educación que se les prodiga se dirige a ello. Lo mismo que a la bestia muda, que se engorda para el matadero, a ella se le prepara para el sacrificio de su vida. Y es curioso, y asombra constatarlo, que se le permite instruirse en todo menos acerca de las funciones de esposa y madre; esto que necesita ordinariamente el artesano para poder aprender su oficio, es indecente y sucio para una muchacha de respetabilidad el enterarse de las relaciones maritales. Entonces, por la apariencia de lo respetable, la institución del casamiento convierte lo que antes era sucio en la más pura y sagrada relación consanguínea, que nadie se atreverá a censurar. Continúa todavía siendo exacta esta actitud de los hogares frente a las bodas y casamientos de la supuesta esposa y madre, y es mantenida en completa ignorancia de lo que será su capital enseñanza en la lucha de los sexos. Luego al comenzar la convivencia matrimonial con el hombre, se hallará a sí misma, repentina y hondamente desazonada, repelida y ultrajada más allá de los límites por ella supuestos en el natural y más sano instinto: el sexo. Se puede afirmar, sin temor a un desmentido, que el mayor porcentaje de casos de desdichas, de desastres y de padecimientos físicos en el matrimonio, se debe a esa criminal ignorancia en cuestiones sexuales, que se ha exaltado como una grandísima virtud. Tampoco será exagerado que diga que mucho más de un hogar ha sido deshecho por causas tan deplorables.
Si por cualquiera circunstancia, la mujer se sintiera capaz de libertarse de ciertos pequeños prejuicios y fuera lo bastante arriesgada para desflorar los misterios del sexo sin la sanción del Estado y de la Iglesia, se vería condenada a permanecer como un instrumento inservible para casarse con un hombre bueno y honesto; aun cuando tan bellas prendas personales consistan en tener una cabeza vacía y una bolsa llena de dinero. ¿Puede haber algo más repugnante que esta idea de que una mujer, crecida ya, sana, llena de vida y de pasión se halle obligada a rechazar las exigencias imperiosas de su naturaleza, a tener que sofocar sus más intensos anhelos, yendo en desmedro de su salud, quebrantando su espíritu, absteniéndose de la profunda gloria del sexo, hasta el día que un buen hombre venga y la solicite para que sea su esposa? Y este es uno de los aspectos más significativos del matrimonio. ¡Cómo no ha de ser forzosamente un fracaso semejante transacción! En consecuencia, ese es uno de los factores, no poco importante, que diferencia el matrimonio del amor.
Es dudoso que existan aquí quienes consideran el amor por encima de los dólares y los centavos. Particularmente esta verdad se aplica a esa clase que por sus precarias condiciones económicas se ha visto forzada a vivir del trabajo de uno y otro. El notable cambio aportado en la posición de la mujer por ese poderoso factor, es verdaderamente asombroso cuando se reflexiona que hace muy poco tiempo que ella ingresó en el campo de las actividades industriales. Hay seis millones de mujeres asalariadas; seis millones de mujeres que tienen el mismo derecho que los hombres a ser explotadas, robadas y a declararse en huelga; también a morirse de hambre. ¿Algo más, señor mío? Sí, seis millones de trabajadoras asalariadas en cada tramo de la vida, desde el elevado trabajo cerebral hasta el más difícil y duro trabajo manual, en las minas y en las estaciones de ferrocarril; sí, también detectives y policías. Seguramente su emancipación es ahora completa. A pesar de todo, un número muy reducido del inmenso ejército de mujeres asalariadas mira el trabajo como un medio permanente de vida, lo mismo que el hombre. Nada importa a qué grado de decrepitud llega este último; se le enseñó a ser independiente y tendrá que seguir así, manteniéndose solo. ¡Oh, sé muy bien que nadie es realmente independiente en nuestro sistema económico! Pero asimismo al hombre más miserable le repugna ser un parásito; por lo menos, que se le considere como tal.
En cambio, la mujer considera su posición de trabajadora como algo transitorio, que dejará de lado en la primera oportunidad. Por eso, es infinitamente más difícil tratar de organizar a las mujeres que a los hombres. ¿Para qué he de entrar en una asociación? Me voy a casar y espero tener mi hogar. ¿No se le enseñó a ella que siempre debería responder a esto, como a su último llamado? Muy pronto se aclimata a su hogar, aunque no sea más ancho que la celda de una cárcel, o los cuartuchos del taller o de la fábrica, posee puertas más sólidas y barrotes de hierro irrompibles. Tiene un guardián tan fiel que a él nada se le escapa. La parte más trágica de todo esto es que su situación de casada no la redime de la esclavitud del salario, y sólo aumenta su faena.
By Emma Goldman

martes, 13 de enero de 2009

Hombres x la igualdad el vivo ejemplo de una lucha junto a nosotras!!!




La Universidad me abrió muchas puertas y dejó una honda huella en mi. Yo vengo de una familia con un padre muy autoritario y tradicional, con una situación conflictiva que desembocó en el divorcio de mis padres y en la ruptura familiar. Además me formé en una escuela religiosa masculina. Fueron diversas experiencias las que me llevaron a querer conocerme mejor y mis problemas de comunicación. Entre ellas tuve algunos problemas de pareja, contradictorias experiencias con homosexuales, una relación conflictiva con mi padre, pero sobretodo una gran ignorancia sobre las relaciones y la sexualidad. Y fue en la Universidad dónde tuve acceso al discurso feminista, que ha sido el que realmente me permitió comprender mis malestares y puñeterías. Pero ¿por qué tomar un papel activo a favor del feminismo?
Porque mis malestares personales lejos de ser individuales forman parte de un conjunto de problemas sociales mucho más amplio, el sexismo, del que soy parte y víctima al mismo tiempo. Sin embargo la mayor parte de los hombres no entienden qué significa el sexismo, e incluso aquellos que reconocen que las mujeres están discriminadas en nuestra sociedad, en pocos casos entienden que este sea un problema de o para los hombres.
Han sido generalmente las mujeres, no sólo como movimiento social y político, sino como parejas, amigas, compañeras o familiares, las que nos han enfrentado con quiénes somos y cómo nos comportamos, ya que en realidad parece que hemos cambiado bien poco y seguimos siendo “los hombres” el problema: hombres que ejercen la violencia contra las mujeres que se niegan a seguir siendo dominadas (ola de asesinatos), hombres que ejercen la violencia contra otros hombres que se salen de la versión oficial de lo que debe ser todo un hombre (la homofobia, los blandos, etc), hombres que detentan la hegemonía y el poder en definitiva.
Parece que no somos capaces de ver cómo estamos implicados en el sexismo si no es por la fuerza con la que ellas nos han confrontado con nuestras puñeterías y privilegios. Pero creo que sería también muy importante partir de la idea de que el feminismo nos ha abierto un nuevo campo en positivo para redescubrirnos.
Muchos empezamos a sospechar desde pequeñitos que había algo que fallaba, generalmente por nuestra incomodidad con aquello que se supone que nos daba acceso a ser esos seres tan importantes, ser todo un hombre.
Muchos hombres viven mal esa presión que continuamente nos auto-inflingimos, nos inflingen e infligimos a otros hombres. Pocos somos capaces de romper el silencio, y menos son los que podemos acceder a la información que nos permita identificar certeramente el origen de nuestros malestares, comprenderlos y cambiar. En general, tenemos poco contacto con nuestras emociones y hemos sido educados para dar respuestas inmediatas, mediante la acción. Nuestra socialización nos ha supuesto una traba para comprender nuestro papel como agentes de la discriminación y estamos cargados de resistencias.
Tendemos a buscar chivos expiatorios, que para mayor desgracia suelen ser nuestras víctimas. Estamos llenos de resistencias y cuando se habla de los hombres parece que no somos capaces de distanciarnos y ser autocríticos. En cuanto se habla de los hombres solemos saltar a la defensiva y buscar todo tipo de agravio comparativo estúpido -y marginal al debate-, para defender que “yo” no soy culpable. Siempre nos sentimos aludidos personalmente ¿Por qué?
Aunque fuera doloroso reconocer mi culpabilidad en el dolor que he causado, o simplemente reconocer el dolor sufrido por no adecuarme a lo que esperaban de mí como varón, fue cuando empecé a interesarme y escuchar las reclamaciones de las mujeres, cuando muchas de mis experiencias comenzaron a cobrar sentido.
Mucho de ese dolor y experiencias no compartidas hasta ese momento surgían en todos nosotros cuando comenzábamos a abrirnos en las reuniones de hombres: la crueldad con el débil, con el que transgrede la norma y hace cosas de chicas, el colegio y el respeto y admiración a través de los éxitos deportivos, las difíciles primeras relaciones con chicas, las no menos difíciles primeras relaciones con hombres, los celos, las complejas relaciones con nuestros padres, las dificultades para establecer amistades íntimas con varones, el tan falso "mito del mejor amigo", los problemas de la homofobia, los mandatos de competitividad ("complejo de llanero solitario"), la prevención contra toda relación afectiva en todo ámbito excepto en el sexual heterosexual, la sexualización de lo afectivo, la primacía de la demostración de la virilidad en las relaciones con los amigos (colegueo por encima de la amistad), la supuesta autosuficiencia, la tendencia a no reconocer aquellos sentimientos que nos producen vergüenza, etc.


hombres por la igualdad, a nivel internacional, hacemos campañas de educación comunitaria y talleres con niñxs y jóvenes en las escuelas sobre la discriminación de género, las relaciones sexuales, la prevención del SIDA y el uso de los preservativos, la lucha contra la homofobia; ofrecemos charlas en los lugares de trabajo sobre el acoso sexual, el riesgo y la masculinidad, el trabajo doméstico y el cuidado. También damos orientación y terapia a otros hombres que perpetran agresiones, y hacemos mediación en situaciones de conflicto en procesos de separación o divorcio, por citar otras actividades más controvertidas. También estamos preocupados por la salud masculina, realizamos activismo por los derechos humanos, luchamos por los derechos de las prostitutas y en contra del tráfico de “blancas”, nos preocupa además el tráfico de armas, el creciente militarismo y los valores que se cultivan en los ejércitos, realizamos investigación sobre las masculinidades a todos los niveles, y trabajamos en el desarrollo de currículos coeducativos en las escuelas. Solemos trabajar en colaboración con las feministas y los servicios para las mujeres (por ejemplo en los Centros de crisis para mujeres violadas y maltratadas, Casas de Acogida, etc.), apoyamos sus campañas y la consecución y consolidación de sus derechos civiles, educativos, laborales y sociales.
Algunos también participan o han participado en “grupos de toma de conciencia”. En todo caso, nuestro compromiso con el feminismo se manifiesta intentando vivir nuestra cotidianeidad de forma respetuosa e igualitaria con las mujeres y otros hombres, ya sea en nuestros hogares, lugares de trabajo, en la familia, en el ocio o en las calles.
http:/www.hombresigualdad.com