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martes, 1 de septiembre de 2009

¿Que hacer si mi hija ha sido maltratada? Guia para padres Parte 1

Las situaciones de violencia y maltrato son muy frecuentes en las relaciones de pareja. Mucho
más de lo que se piensa. La violencia en la parejano tiene edad ni estatus social, tampoco conoce de niveles culturales o posición económica. No tiene relación con las drogas ni con el alcohol y, en la mayoría deos casos, tampoco con enfermedades ni trastornos neurológicos.
Una de sus causas –siempre presente– es el machismo y su difundida creencia de que la mujer es un ser “inferior”, “inmaduro” o “incapaz”. Todos los demás factores, podrán incrementar y desenfrenar una violencia previamente construida por esta manera de pensar, por creer esto de algún modo u otro. Por ejemplo, esto se comprueba en muchos hombres que beben alcohol o se drogan y se “permiten”arremeter contra su pareja, sin embargo jamás lo hacen contra un superior (su jefe por ejemplo).
La cultura patriarcal en la que vivimos sitúa al hombre como un ser superior. Superior al resto de los integrantes de su familia, siendo él quien decide y dirige lo que los demás pueden y deben hacer. Durante los 5000 años que dura este modelo cultural (el patriarcado), la cultura ha formado y propiciado costumbres y prácticas que ponderan al hombre sobre la mujer, promoviendo un modelo de pareja donde el vínculo es asimétrico, desigual, donde el hombre considera que la mujer es un ser inferior y a quien debe controlar, dominar y someter. Un ser sobre el cual puede decidir y a quien debe disciplinar, utilizando métodos violentos si fuese “necesario”, llegando incluso a producirle la muerte si ella intenta alcanzar su autonomía e independencia. A pesar del tiempo transcurrido, estos modelos, aún hoy en el siglo XXI, son sostenidos por gran parte del imaginario social, favoreciendo y justificando la actitud violenta de muchos hombres hacia sus parejas. Muchos homicidios de mujeres, se presentan como “crímenes pasionales”, como si la pasión fuese compatible con el asesinato; muchos asesinos ven atenuada su condena en la justicia porque “la mujer lo engañaba con otro hombre”, como si la conducta de la víctima justificase cualquier barbarie desde el victimario; y la “violación marital” continúa siendo uno de los delitos más silenciados- que no se denuncia no sólo por temor y vergüenza de la víctima, sino por lo que es peor: por desconocimiento de la mujer de que le asiste el derecho a decidir cuándo y cómo tener relaciones sexuales, aún en el marco de una relación de pareja formal como el matrimonio.
Aún hoy, en el S. XXI, se continúa silenciando la violencia que afecta a las mujeres de todas las edades. Los padres de las jóvenes1 víctimas de violencia por parte de su pareja, desconocen lo padecido por su hija hasta que ella regresa a convivir con ellos; o hasta que un episodio de violencia muy grave provoca la intervención de la policía o el servicio de asistencia médica de urgencia, por ejemplo. En el caso de las amistades cercanas, éstas también desconocen la profundidad y gravedad de la violencia, aún cuando a veces han presenciado discusiones entre la pareja, que no asocian a una conducta violenta, y no creen que esas peleas se podrían repetir y agravar en otras circunstancias. Nadie piensa que él puede pasar a la violencia física cuando la pareja se quede a solas.
Muchas veces, no se logra comprender el alto riesgo de esas “discusiones” y por lo tanto nadie se involucra ni interviene para ponerles fin. La cercanía de los vínculos con ambos integrantes de la pareja les impide creer que ese chico, que jura que la quiere y está perdidamente enamorado de ella, pueda llegar a hacerle daño o puede convertirse en uno de los que aparece en las noticias del periódico. Estas conductas sólo han comenzando a cambiar con el cambio de actitud de las mujeres, que en los últimos años, y favorecidas por la presencia pública del tema, se atreven a denunciarlo. Tanto en su mundo privado (ante sus amistades o sus familiares) como ante la justicia o los servicios de asistencia especializados. Esto ha permitido trabajar en el entorno y ayudar tanto a las víctimas como a su familia. No obstante, el porcentaje de denuncias o de solicitud de ayuda por parte de las jóvenes es aún muy bajo.

martes, 25 de agosto de 2009

Matrimonio y Amor por Emma Goldman




La noción popular acerca del matrimonio y del amor, es que deben ser sinónimos, que ambos nacen de los mismos motivos y llenan las mismas humanas necesidades. Como la mayoría de los dichos y creencias populares, éste no descansa en ningún hecho positivo y si sólo en una superstición.
El matrimonio y el amor nada tienen de común; uno y otro están distantes, como los polos; en efecto, son completamente antagónicos. No hay duda que algunas uniones matrimoniales fueron efectuadas por amor; pero más bien se trata de escasas personas que pudieron conservarse incólumes ante el contacto de las convenciones. Hoy en día existen muchos hombres y mujeres para quienes el casarse no es más que una farsa, y solamente se someten a ella para pagar tributo a la opinión pública. De todos modos, si es verdad que algunos matrimonios se basan en el amor y que también este puede continuar después en la vida de los casados, sostengo que eso sucede a pesar de la institución del matrimonio.
Por otra parte, es enteramente falso que el amor sea el resultado de los matrimonios. En raras ocasiones se escucha el caso milagroso de una pareja que se enamora después de casada, y si se observa atentamente, se comprobará que casi siempre se reduce a avenirse buenamente ante lo inevitable. A otras criaturas les unirá un afecto, surgido del trato diario, lo que está lejos de la espontaneidad y de la belleza del amor, sin el cual la intimidad matrimonial de una mujer y un hombre no será más que una vida de degradación.
El matrimonio es un ruidoso fracaso, esto ni el más estúpido lo negará. Basta echar una mirada a las estadísticas de los divorcios para comprender cuán amargo es este fracaso. No será suficiente ni siquiera el estereotipado argumento de los filisteos, escudado en la holgura y la elasticidad de las leyes del divorcio y del creciente relajamiento de las costumbres femeninas, para justificar este hecho.
Desde la infancia casi hasta la mayoría de edad de las muchachas, se les dice que el casamiento es la única finalidad de su vida; y la educación que se les prodiga se dirige a ello. Lo mismo que a la bestia muda, que se engorda para el matadero, a ella se le prepara para el sacrificio de su vida. Y es curioso, y asombra constatarlo, que se le permite instruirse en todo menos acerca de las funciones de esposa y madre; esto que necesita ordinariamente el artesano para poder aprender su oficio, es indecente y sucio para una muchacha de respetabilidad el enterarse de las relaciones maritales. Entonces, por la apariencia de lo respetable, la institución del casamiento convierte lo que antes era sucio en la más pura y sagrada relación consanguínea, que nadie se atreverá a censurar. Continúa todavía siendo exacta esta actitud de los hogares frente a las bodas y casamientos de la supuesta esposa y madre, y es mantenida en completa ignorancia de lo que será su capital enseñanza en la lucha de los sexos. Luego al comenzar la convivencia matrimonial con el hombre, se hallará a sí misma, repentina y hondamente desazonada, repelida y ultrajada más allá de los límites por ella supuestos en el natural y más sano instinto: el sexo. Se puede afirmar, sin temor a un desmentido, que el mayor porcentaje de casos de desdichas, de desastres y de padecimientos físicos en el matrimonio, se debe a esa criminal ignorancia en cuestiones sexuales, que se ha exaltado como una grandísima virtud. Tampoco será exagerado que diga que mucho más de un hogar ha sido deshecho por causas tan deplorables.
Si por cualquiera circunstancia, la mujer se sintiera capaz de libertarse de ciertos pequeños prejuicios y fuera lo bastante arriesgada para desflorar los misterios del sexo sin la sanción del Estado y de la Iglesia, se vería condenada a permanecer como un instrumento inservible para casarse con un hombre bueno y honesto; aun cuando tan bellas prendas personales consistan en tener una cabeza vacía y una bolsa llena de dinero. ¿Puede haber algo más repugnante que esta idea de que una mujer, crecida ya, sana, llena de vida y de pasión se halle obligada a rechazar las exigencias imperiosas de su naturaleza, a tener que sofocar sus más intensos anhelos, yendo en desmedro de su salud, quebrantando su espíritu, absteniéndose de la profunda gloria del sexo, hasta el día que un buen hombre venga y la solicite para que sea su esposa? Y este es uno de los aspectos más significativos del matrimonio. ¡Cómo no ha de ser forzosamente un fracaso semejante transacción! En consecuencia, ese es uno de los factores, no poco importante, que diferencia el matrimonio del amor.
Es dudoso que existan aquí quienes consideran el amor por encima de los dólares y los centavos. Particularmente esta verdad se aplica a esa clase que por sus precarias condiciones económicas se ha visto forzada a vivir del trabajo de uno y otro. El notable cambio aportado en la posición de la mujer por ese poderoso factor, es verdaderamente asombroso cuando se reflexiona que hace muy poco tiempo que ella ingresó en el campo de las actividades industriales. Hay seis millones de mujeres asalariadas; seis millones de mujeres que tienen el mismo derecho que los hombres a ser explotadas, robadas y a declararse en huelga; también a morirse de hambre. ¿Algo más, señor mío? Sí, seis millones de trabajadoras asalariadas en cada tramo de la vida, desde el elevado trabajo cerebral hasta el más difícil y duro trabajo manual, en las minas y en las estaciones de ferrocarril; sí, también detectives y policías. Seguramente su emancipación es ahora completa. A pesar de todo, un número muy reducido del inmenso ejército de mujeres asalariadas mira el trabajo como un medio permanente de vida, lo mismo que el hombre. Nada importa a qué grado de decrepitud llega este último; se le enseñó a ser independiente y tendrá que seguir así, manteniéndose solo. ¡Oh, sé muy bien que nadie es realmente independiente en nuestro sistema económico! Pero asimismo al hombre más miserable le repugna ser un parásito; por lo menos, que se le considere como tal.
En cambio, la mujer considera su posición de trabajadora como algo transitorio, que dejará de lado en la primera oportunidad. Por eso, es infinitamente más difícil tratar de organizar a las mujeres que a los hombres. ¿Para qué he de entrar en una asociación? Me voy a casar y espero tener mi hogar. ¿No se le enseñó a ella que siempre debería responder a esto, como a su último llamado? Muy pronto se aclimata a su hogar, aunque no sea más ancho que la celda de una cárcel, o los cuartuchos del taller o de la fábrica, posee puertas más sólidas y barrotes de hierro irrompibles. Tiene un guardián tan fiel que a él nada se le escapa. La parte más trágica de todo esto es que su situación de casada no la redime de la esclavitud del salario, y sólo aumenta su faena.
By Emma Goldman

martes, 21 de julio de 2009

Colombia: Mujeres ¿Trofeo de guerra? por Germán Uribe



La violencia de género en Colombia es un hecho irrebatible. Es la expresión de una infamia que grita y consterna, pero a la que se la viene tratando más con compasión que con el coraje y la cólera que reclama. Más como estadística y "fenómeno" que como factor gravísimo de anulación histórica de comunidades y pueblos. Y más que noticia diaria, es una de aquellas realidades que por repetitiva y recurrente peligra en convertirse en un mal sin remedio o en una epidemia sin vacuna.
Alejándonos por ahora del tan elocuente y en boga tema de la violencia intrafamiliar, queremos hacer particular mención a la estremecedora tragedia que viven las mujeres colombianas en medio del conflicto armado. "Conflicto", decimos textualmente, aunque esta designación no sea otra cosa que el eufemismo con que ciertos sectores poderosos han querido denominar para su conveniencia la larga guerra en la que vivimos.
Pero veamos lo que ocurre: el conflicto colombiano, ya aclimatado en lo bárbaro e irracional, les ha permitido a todos sus actores, pero de manera significativa al paramilitarismo, ver en la vulnerabilidad y desprotección de las mujeres su caldo de cultivo para avanzar en su infernal guerra sucia. Secuestrando, violando o sencillamente reduciendo a las mujeres, están aterrorizando con ello a familias y poblaciones enteras. Y luego, como perros de presa, se desplazan concretando sus objetivos: asesinatos y masacres con los nombres artificiosos de "limpieza social" o "vindictas políticas"; saqueo de bienes y despojo de tierras. Incluso, el uso de la esclavitud sexual o de servicios personales de niñas adolescentes que suman aquí y allá a su botín de guerra.
Y, lo más alarmante, es que no se ha podido probar aún que tal violencia desatada contra el género femenino no esté rigurosamente concernida con el hecho muy puntual de que aquellas víctimas lo son por el simple hecho de ser mujeres, o mejor, su índole de género les puede estar acentuando su desgracia.
Cuando la banda facinerosa irrumpe en pos de un "trofeo", material o simbólico, al doblegar, asesinar, desaparecer, esclavizar o simplemente "tomar" a la mujer, está con ello agrietando, o bien un núcleo familiar, o bien, la esencia y la savia vital de un eje social o de una comunidad específica. Y los actores del conflicto lo saben. Todos. Hasta los que están allí atornillados en la guerra "defendiendo a las instituciones" o "aquí, salvando la democracia...".
Ya nadie discute que la masa desplazada en nuestro país -la primera en el mundo- se encuentra entre 3 y 4,6 millones de personas. Ahora, es nuestra obligación destacar que, como lo afirma Acnur, "las mujeres y niñas conforman más de dos tercios de la población desplazada en Colombia" y alcanzan a ser el 70,6 por ciento de quienes exigen equidad ante Justicia y Paz.
Ante esta turbadora afrenta, no hay espacio para la distracción o el silencio. Hay que denunciarlo. Y con voz fuerte: el desplazamiento social en Colombia y la violencia de género son, de todos nuestros males, los más ignominiosos y brutales.
Recientemente leí algunos informes y recomendaciones respecto a la situación de la mujer en nuestro conflicto. Tanto Codhes, como Acnur, nos ilustran bien, pero fue un texto de María Himelda Ramírez denominado 'El impacto del desplazamiento forzado sobre las mujeres en Colombia' el que de mejor manera me acercó al tema. Y en un punto específico de su estudio, cuando se propone describir el calvario del éxodo femenino tras la violencia de la guerra, expone algunos aspectos que las autoridades colombianas deberían observar cuando por fin le metan ganas a la resolución de este dramático problema.
Dice: "En el momento crítico del éxodo luego de una masacre o de otras escenas amenazantes, el terror cumple funciones muy efectivas de amedrentamiento. El despojo, la muerte y la expulsión producen un intenso sufrimiento emocional agravado por la incertidumbre respecto al futuro. Los sentimientos de impotencia se ven reforzados por la impunidad... Las mujeres adultas se ven abocadas a la redefinición de sus roles sociales y sus identidades lo mismo que los hombres..."
Llevarse a las mujeres como esclavas sexuales, como su "posesión" para toda clase de usos o, violándolas y asesinándolas, hacerlas sujetos valiosos para la destrucción de familias, comunidades o poblaciones, ¿no las convierte de alguna manera en trofeos de guerra?
Este es, pues, el más degradante y letal de los designios que pesan sobre la mujer en este país de fusiles, "amargas", rocolas y "meros machos", y en donde la violación de una mujer ha llegado a concebirse como un asalto al honor y a las posesiones materiales del adversario.
BLog: http://german-uribe.blogspot.com/

1.139 mujeres fueron asesinadas en Colombia en el 2008.

‘Que a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una rosa’ es una de esas frases que parece haber pedido vigencia, y que solo recuerda los pensamientos que tenían nuestros abuelos sobre la forma en que debía ser tratada una dama.

Debería ser así. Pero no lo es. Sobre todo, en algunos sectores rurales, semi-urbanos. Y en algunas grandes ciudades, más que en otras, todavía muchos hombres no han podido superar el ‘síndrome de las cavernas’. Golpean a la mujer, física o verbalmente, para ‘dominarla’.

La cifra de 1.139 mujeres asesinadas en Colombia en el 2008 demuestra un terrible cambio de comportamiento hacia ellas. En muchas regiones colombianas, en vez de un beso reciben un puñal, y en vez de un abrazo o una caricia lo que a su cuerpo llega es un disparo. Eso pasó con *Diana Ramírez.

El 29 de marzo del 2008, a las 8 de la mañana,* Diana, de 42 años, caminaba hacia su lugar de trabajo: una compraventa ubicada en pleno centro de Pivijay, Magdalena. Su ex esposo, *Jairo Cantillo la esperó en mitad del camino para insultarla, y posteriormente, propinarle tres disparos en la cabeza los que terminaron con su vida.

*Jairo no aguantó ver tendida a*Diana sobre el pavimento. Minutos después se suicidó.

Vecinos de la pareja cuentan que la mujer de 42 años, quien se había separado de *Jairo dos años antes , ya había denunciado ante las autoridades que su ex compañero le había advertido que la asesinaría sino volvía con él.

Ella es una de las mujeres que fueron asesinadas el año pasado en Colombia, de las cuales el 33,4% tenían entre 20 y 29 años, según un reporte del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.Entre las principales causas de estos homicidios está la violencia intrafamiliar.

A pesar de que en 2008 hubo una disminución del 6% en los asesinatos de mujeres, frente a 2007 en el que se registraron 1.207, las cifras de impunidad son espeluznantes. En Colombia, en ocho de cada diez homicidios de mujeres, los responsables quedan sin ser castigados, según un estudio realizado por varias ONG que trabajan en el tema.

Alexandra Ramírez, de la ONG Asamblea de Mujeres por la Paz y la Equidad de Géneros, señala que la sociedad sigue creyendo que la violencia contra las mujeres debe ser tratada en el ámbito familiar.

LAS ARMAS. Con un arma de fuego, objeto usado para asesinar a *Diana, acabaron con la vida del 62,94% de las mujeres en 2008. Sin embargo, con objetos corto-punzantes (navaja, cuchillo, entre otros) se cometieron otros 223 crímenes. Si de comparar se trata, en 2008 fueron asesinados 12.899 hombres una estadística escalofriante.

*Nombre cambiado por petición de familiares.

ANALISIS

Por Irene Polo Martínez*

Tenga mucho cuidado con las amenazas

No debemos perder de vista que, ante el surgimiento de nuevas normas tendientes a proteger a la mujer, la niñez, la adolescencia y la familia, hay más denuncias. Hoy la gente se atreve a hacer más visible esa violencia que antes se mantenía debajo de la alfombra o de puertas para adentro. Por fortuna, ya eso está desapareciendo.

En cuanto a la violencia contra la mujer, que sigue siendo alta, ocurre que a veces el género femenino no logra discriminar la potencialidad del nivel de agresión del victimario. A veces minimiza esa potencialidad y eso la hace vulnerable.

Muchas mujeres han convivido tanto con esa situación que llegan a pensar: ‘él no me va a hacer nada… siempre amenaza y después todo pasa’. Lo otro es el miedo. Factor que paraliza, por lo general, a la víctima. Y ese temor le impide actuar para superar esa amenaza. Porque con la intimidación lo que se busca es neutralizar a la víctima. Y casi siempre se logra, por temor a que se cumpla la amenaza. Y en ese no actuar, el victimario tiene el control sobre la víctima y asume y cree que es la manera en que puede obtener los objetivos.

lunes, 13 de julio de 2009

Entrevista a Florence Thomas, psicóloga y veterana activista de género"El feminismo es particularmente vigente en Colombia"

Cuando se habla de feministas, inmediatamente en Colombia se visualiza a
Florence Thomas, su rostro aguileño, su cabello corto ya teñido de nubes y
los inmensos ojos marrones, que bien pueden mirar con compasión, como con
severidad.
Nació en Rouen, Francia, pero más de cuatro décadas de residencia en
Colombia la hacen sentir colombiana.
“Soy francesa y nadie lo duda, pues el acento -esa particular imposibilidad
de pronunciar las eres, que me obliga a decirles aves a los pájaros y
automóviles a los carros- no me ha abandonado. Me gusta que así sea, (…) es
mi manera de asumir mis dos mundos -esas dos patrias que poco a poco se
volvieron matrias-…”, escribe Florence en el prefacio de su libro *Género:
femenino*.
[image: fthomas] *Florence Thomas en imagen tomada de El Espectador de
Colombia*

Como psicóloga y Magíster en Psicología Social de la Universidad de París,
se vinculó en 1967 como profesora titular y emérita del Departamento de
Psicología de la Universidad Nacional de Colombia.

Fue coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad del mismo centro docente,
instancia que nació dentro de las políticas de estímulo al trabajo
interdisciplinario de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad
Nacional, y cuyo objetivo principal ha sido el de generar debate y reflexión
alrededor de los temas de mujer y género.

Esta pionera del feminismo colombiano ya se pensionó del ámbito académico,
mas no del feminismo. Asesora a organismos no gubernamentales en el campo de
la salud sexual y reproductiva, escribe una columna en el principal y más
tradicional diario colombiano, *El Tiempo*, y auspicia espacios públicos de
deliberación.

Es autora de varios libros, entre los que se destacan *El macho y la hembra
reconstruidos* (1985); *Los estragos del amor* (1995); *Conversación con un
hombre ausente* (1997); *Palabras en el tiempo*; *Género: femenino* (2003);
*Conversaciones con Violeta* (2006) y *Florence: su pensamiento de la A a la
Z* (2008).

Su aporte al pensamiento crítico sobre el patriarcado colombiano es
incontestable. Por ello, hemos querido conocer sus opiniones sobre el
feminismo en Colombia.

*¿Sigue siendo el feminismo una fuerza vigente o ya está gastada? *

Pienso que el feminismo sigue vigente, y especialmente en Colombia, por el
hecho del conflicto armado. Las mujeres han sido las más golpeadas por el
conflicto, como desplazadas, familiares, víctimas de violencia sexual o
botín de guerra…

Pero, al mismo tiempo, paradójicamente, el conflicto armado ha generado
muchos grupos femeninos, ha hecho que las mujeres se unan, creen
organizaciones, se empoderen. Creo que Colombia es el país que tiene más
grupos de mujeres del mundo. Y todas las organizaciones que trabajan por sus
derechos están volcadas al impacto del conflicto armado en las mujeres, en
todos los campos, violencia contra ellas, salud sexual y reproductiva, en
todo.

*¿Cómo ve al feminismo actualmente en Colombia? *

Ahora el movimiento de mujeres en Colombia está muy desarticulado. Le
estamos haciendo el juego al patriarcado de una manera formidable “ponga a
las mujeres a pelear para que podamos hacer lo que queremos”. Eso es lo que
está pasando.

Yo no me peleo con ninguna, busco ser el puente entre las académicas puras y
la activista de base. Circulo el discurso del feminismo a las mujeres
comunes y corrientes, a las populares, trato de socializarlo. Tengo la
suerte de tener una columna en el diario El Tiempo. También está el “Café de
las Mujeres’, que es una reunión que hacemos en un café todos los miércoles,
a la que puede asistir cualquier persona. Allí invitamos a alguien a que
hable de diversos temas de feminismo y de masculinidades.

*¿Puede haber hombres feministas? *

Yo creo que puede haber hombres que se solidaricen con las mujeres, pero no
hombres feministas, porque un hombre no puede sentir lo que sentimos las
mujeres.

*¿Piensa que la institucionalización del tema de mujer le ha restado fuerza
al feminismo? *

Creo que la institucionalización del tema de mujer en el Estado ha sido
útil, pues ha permitido que las entidades del Estado hayan empezado a tener
en cuenta la mirada de la mujer. Ahora, que haya quitado un poco de
subversividad al feminismo, sí, pero ha sido la manera de poder hablar de
políticas públicas para las mujeres.

*Algunas feministas encuentran fútil decir que trabajan por la perspectiva
de género, ¿qué piensa al respecto? *

Creo que el género es una herramienta metodológica útil, precisamente para
la investigación académica y para las políticas públicas. Entiendo que haya
mujeres que prefieren decir que son feministas y punto.

*¿Considera que el término feminista es aún peyorativo en Colombia? *

Sí, en Colombia el término feminismo todavía no se entiende. Creen que las
feministas somos unas amargadas, que no nos gustan los hombres, cosas así.
Yo soy feminista y creo que se han dado cuenta de que nada de eso es cierto.
Que me gustan los hombres, que vine a Colombia por un hombre, y que me río y
divierto.

Además, contribuyo a que se comprenda qué es ser feminista desde mi columna
en el diario, donde a veces hablo de feminismo, pero también de muchas otras
cosas.

*¿Qué cosas ha logrado el feminismo en Colombia? *

Creo que gracias al feminismo hemos logrado avances, como el aborto en tres
casos: cuando está en peligro la vida de la madre, la gestación sea
resultado de una violación o incesto, y si se diagnostica malformaciones
fetales que hagan inviable la vida fuera del útero. Es una conquista más
simbólica que numérica, pues son pocos los casos de abortos en esas
circunstancias; pero es importante. Además, vamos por el aborto pleno.


Desde la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, que somos un grupo
interdisciplinario de activismo, asesoría e investigación, apoyamos la labor
de Mónica Roa, que concluyó con el fallo de la Corte Constitucional
aprobando el aborto en esos casos, y ahora estamos haciéndole seguimiento a
su aplicación, tanto por el personal de salud, como asesorando jurídicamente
los casos en que les es negado este derecho a las mujeres.